Cómo funcionan los antivirales ?

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Un antiviral, como su nombre lo indica, es una sustancia que ataca el desarrollo de los virus y les impide de alguna manera su ciclo de reproductivo; esto se interpreta o escribe incluso muchas veces como una interrupción en su “ciclo de vida”, pero debemos recordar que los virus no son organismos vivos, tal como se entiende comúnmente ni en el sentido biológico estricto, aunque mucha gente piensa que si lo son. El problema básico para tratar una enfermedad de origen viral radica en que los virus son parásitos internos de las células huésped, estableciendo una relación muy “íntima” con las mismas, por ello es difícil que el sistema inmune se percate de la infección y también hace difícil encontrar un medicamento contra ellos.

Para 1981 las herramientas que la medicina tenía para combatir los virus eran más o menos las mismas que se tenían en 1900 para combatir las bacterias y protozoarios: básicamente la prevención por medio de vacunas y las medidas higiénicas. Una vez enferma una persona era poco o nada lo que se podía hacer por ella. Un ejemplo fue la “gripe española” que recibe ese nombre porque fue España la primera en reportarla, ya que era un país neutral durante la Primera Guerra Mundial, pero con seguridad se originó en las trincheras de Francia durante ese conflicto, probablemente al cazar aves silvestres para comer. Dado que soldados de todo el mundo participaron en esa guerra, la enfermedad se esparció por todo el planeta muy rápidamente. Se estima que mató entre 50 y 100 millones de personas entre 1918 y 1920, muchas más personas que la misma guerra.

¿Qué pasó entonces en 1981? Se descubre una enfermedad viral que denominaron como “Síndrome de Inmunidad Deficiente Adquirida” o SIDA. La enfermedad se venía esparciendo desde hacía mucho tiempo y desconcertó a los médicos porque se manifestaba como otras enfermedades, hasta que se encontró que todas esas enfermedades estaban relacionadas con un mal funcionamiento del sistema inmunitario. Se generó mucha publicidad debido a que los primeros infectados fueron personas de conductas sexuales poco seguras, si se quiere usar un apelativo común sería “promiscuas”. Cuando figuras públicas, como el actor Rod Hudson, resultaron contagiadas de este mal es cuando hay una inflexión en la opinión pública y a partir de entonces los estudiosos recibieron fondos para desarrollar un tipo de antibiótico nuevo: un antiviral. A propósito de Rod Hudson cuyos amigos lo apoyaron y hasta la famosa Elisabeth Taylor le dio un beso para demostrar que era seguro el contacto casual con los infectados, fue muy criticado por esconder que padecía la enfermedad y que era homosexual pero me permito recordar que en esa época el homosexualismo no era bien visto y mucho menos tolerado que hoy día.

Desde entonces se encontraron muchos antivirales muy efectivos en el laboratorio, en especial cuando se realizaron pruebas “in vitro” o sea en cultivos. El problema es que resultaron sumamente tóxicos para los seres vivos, algunos tan letales que hasta dosis tan pequeñas como una parte por millón podían matar a una persona. También se presentó el problema de que estas sustancias entraban en cualquier célula y actuaban como si la misma estuviera infectada (de allí su alta toxicidad). No es posible clarificarlos de una forma relativamente sencilla si embargo es posible hacerlo desde el punto de vista de su acción sobre los virus.

Supongamos que la membrana celular es como una fortaleza amurallada que protege una ciudad en cuyo interior hay una ciudadela a su vez, la ciudadela también está amurallada (el núcleo celular) pero no está tan fortificada como la ciudad misma. Para un invasor (el virus en nuestro caso) lo difícil sería entrar a la fuerza por la muralla pero si es listo buscará alguna debilidad, por decirlo, algún tipo de roca que pueda remover, pues bien los virus buscarán una proteína a la cual adherirse y por medio de ella entrar en la célula. Ahora bien muchos antivirales actúan como una especie de refuerzo de la membrana celular, adhiriéndose a las proteínas que los virus buscan, lo cual les impide adherirse ellos mismos, es como si pintáramos las rocas que sabemos que hacen vulnerable a nuestra muralla impidiendo que sean localizadas. Ese es el caso os antiretrovirales que incluyen los que se usan para combatir el SIDA, de esta manera se impide que el virus (un retrovirus en realidad) entre dentro de la célula.

Hay un mecanismo similar que funciona como una especie de “tapadera” que se usa con muchos retrovirus, y que consiste en encontrar una proteína que se adhiera al virus, una muy similar a la que busca el mismo virus pero que no está en la célula sino libre en los líquidos intercelulares como la linfa y el plasma. El virus se adhiere a esa proteína y queda inutilizado, sería como “dejar ciego” al invasor con una venda que él no se percate que tiene. El mecanismo que nos queda por mencionar es el que se usa para la mayoría de los virus de ADN y para explicarlo volveremos a nuestra ciudad amurallada, un invasor que logre pasar por la muralla buscará la ciudadela interna porque allí se encontrarán las cosas más valiosas, para un virus es el ADN de la célula que está en el núcleo y además encontrará la materia prima para copiarse a sí mismo. Como las defensas de la ciudadela son escasas es relativamente fácil entrar. Los antivirales de este tipo deben entrar en la célula y luego en el núcleo celular y allí se unen a la cadena del ADN del virus (ADN viral) impidiendo que se siga copiando a sí mismo. El proceso no es sencillo y el virus ha tenido más que tiempo para dañar la célula que muchas veces ya no podrá sobrevivir por sí misma, causando su muerte. En este caso perdemos la batalla por la ciudad para salvar la guerra. Las células muertas son destruidas y con ellos los virus.

Por fin debemos recordar que los antivirales han resultado sustancias muy tóxicas y que por tal motivo se combinan para aumentar su rendimiento y tratar de usar dosis menos letales. En el caso del SIDA son famosas las “mezclas tipo cóctel” que los especialistas han desarrollado para minimizar los efectos secundarios pero por desgracia más tarde o temprano estos hacen mella en los pacientes; afortunadamente los avances al respecto han minimizado estos efectos nocivos de los medicamentos, y las mejoras continúan. En total los beneficios rebasan con mucho las desventajas, sobre todo en cuanto a calidad de vida y longevidad.

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