Los Diez Mandamientos es el nombre que reciben los preceptos
o la ley que recibió Moisés en lo alto del Monte Sinaí. Se trata de las diez
leyes que le fueron entregadas por el mismo Dios a fin de recordar las
obligaciones a su pueblo, las que luego del pecado original, habían sido
gravemente olvidadas.
Cuenta la historia, plasmada en el libro del Éxodo, que
Moisés grabó estos diez preceptos sobre dos tablas de piedra, lo que permite
pensar, debido al momento de la historia en que esto sucedió, que se trataba de
tablas de arcilla, material muy utilizado para la escritura cuneiforme de la
época.
Al leer los diez mandamientos es fácil notar que más que
leyes de ciertas religiones, se trata de principios humanitarios básicos que
permiten la convivencia armoniosa entre todas las personas, en otras palabras,
se trata de una ley natural que se aplica a todos aquellos los seres racionales.
De hecho, es posible encontrar leyes o preceptos similares bastante previos a
los entregados por Dios a Moisés en el Sinaí, entre ellos, los mandatos para
poder ingresar al Templo de la diosa Osiris, muy similares a los mandamientos
como no matar, ni robar, ni comportarse de manera injusta.
Si bien en la Biblia es posible encontrar dos versiones de
los Diez Mandamientos, presentes en el Éxodo (20, 1-17) y el Deuteronomio
(5, 6-12), ambas son bastante similares y los preceptos que conocemos hoy
son parte de la integración de ambos, los que son los siguientes:
1. Amar a Dios por sobre todas las cosas.
2. No tomar el nombre de Dios en vano.
3. Santificar las fiestas.
4. Honrar a padre y madre.
5. No matar.
6. No cometer actos impuros.
7. No robar.
8. No decir falsos testimonios ni mentir.
9. No consentir pensamientos ni deseos impuros.
10. No codiciar los bienes ajenos.