Ginseng es el nombre que se le da a ciertas especies de
plantas del género panax. Es una planta pequeña cuya raíz se utiliza con fines
medicinales y mientras más años tenga, mejor son sus propiedades curativas. Se
requieren de al menos seis años para poder sacar provecho de la raíz. Esta
planta se encuentra en China, Corea, Japón, EE.UU. y Canadá y existen
diferencias en las características de cada uno dependiendo de su lugar de
origen.
El ginseng está compuesto por panaxósidos, hierro,
germanium, calcio, vitaminas A y E. Se puede distinguir entre el Ginseng
asiático y el americano. Si bien todos son adaptógenos (ayudan al cuerpo a
adaptarse al estrés), el primero cumple con una función estimuladora del
organismo, y el segundo, de relajante y sedante.
Es importante aclarar que el ginseng siberiano proviene de
una planta que no es del género panax por lo que no produce los mismos efectos
que el asiático y el americano. También es conocido como ‘eulethero’.
Dentro de sus propiedades farmacológicas se consideran sus
facultades para aliviar el estrés, revitalizante, controlar la presión arterial,
afrodisíaco, disminuir la fatiga crónica, la pérdida de memoria, la diabetes y
el colesterol alto, el síndrome de abstinencia de drogas y alcohol, la
impotencia y trastornos eyaculatorios.
Su ingesta se hace por vía oral en cápsulas que contienen la
raíz pulverizada o asociado a otras sustancias como vitaminas. También se puede
consumir como un té y, actualmente, muchas bebidas energéticas contienen de esta
raíz dentro de sus componentes.
Por sus cualidades estimulantes no debe tomarse en grandes
dosis ni tampoco ser combinado con otro tipo de productos como éste, como café,
guaraná, ma huang (efedra), nuez de kola, mate y té negro.
Son requeridos cerca de dos meses de tratamiento para lograr
los resultados esperados. No existen los estudios necesarios como para
recomendar la ingesta de ginseng a niños y embarazadas o en período de
lactancia.