Es una visión particular del marxismo que Lenin desarrolla a
partir del mismo marxismo. La visión del leninismo se diferencia con mucho del pensamiento
de Marx pues este se concentra en un proceso revolucionario a nivel local (a
nivel de un solo país). Lenin extiende esta visión a un proceso global o
mundial. Sostiene que el capitalismo se ha convertido en un proceso que abarca
todo el mundo y que por tanto existe un imperialismo económico. Desde esta
premisa supone que los estados imperialistas utilizan sus recursos para mantener
a las masas (sobre todo al proletariado) relativamente contentos combatiendo de
esta manera la revolución proletaria. Por tanto no es posible que un estado
imperialista caiga con facilidad ante la revolución, la revolución solo se podrá
dar en el estado imperialista más débil: Rusia.
Desde allí se podría extender a
otros estados poco a poco y en la visión de Lenin Alemania era el siguiente
estado en condiciones de caer. Sin embargo para Lenin hay otra probabilidad: que
la revolución se lleve a cabo en países pequeños (subdesarrollados) y que en
conjunto formen una confederación lo suficientemente como para enfrentarse a los
países imperialistas. Como se puede ver es una extensión de la lucha de clases
pero con una visión global. El estado debe manejarse desde los soviets a manera
de cooperativas de autogestión (diríamos hoy) y el aparato estatal debía ser
mínimo, donde un ministro no debía ganar más que un obrero. Lenin solo puede ver
parcialmente cumplidas sus expectativas y entonces aparecen tres movimientos que
tratan de llevarlas a término: el estalinismo, el trotskismo y el maoísmo.
El estalinismo (debido a José Stalin) trató de formar un
único estado, centralizado, burocrático y represivo, donde los recursos humanos
y naturales estaban a su servicio. Era un estado donde se exaltaban las figuras
de sus líderes y los ponían por encima de todos. La finalidad principal era
convertir a este estado en una superpotencia a cualquier costo y de hecho así
fue. El costo en recursos humanos y naturales fue muy elevado, también en el
sentido represivo y además las consecuencias ecológicas no se dejaron esperar,
produciendo hambrunas incluso. La superpotencia debía extender el proceso
revolucionario a los demás países empezando por los menos desarrollados.
El trotskismo ( de León Trotsky) pretendía un estado menos
burocrático, más centrado en los soviets (consejos) y con una rotación de los
puestos políticos para evitar la exaltación de las figuras personales. La
revolución debía darse por etapas paulatinas y no enérgicas. En general el
trotskismo era un leninismo más actualizado y menos violento salvo en la parte
final de la revolución. También proponía como llevar a la desaparición al estado
y así eliminar toda la burocracia.
El maoísmo (de Mao Tse Tung) tiene elementos estalinistas y
trotskistas pero enmarcados en la sociedad feudal China, pues este país no había
salido del feudalismo. Aprovecha estos elementos para sustituir la figura del
emperador por la figura del estado protector y no ve en la clase obrera el motor
de la revolución. Mao ve en la clase campesina a ese motor. Claro la clase
obrera china era casi inexistente y por tanto no podía liderar el proceso
revolucionario. Para él el leninismo se debía aplicar según las circunstancias.
Este pensamiento ha llevado a los grandes cambios que fueron puestos en práctica
tanto por él como por sus sucesores.
En definitiva el leninismo se podría decir que en algunos de
sus aspectos sigue vigente hoy día, en el sentido de que en diferentes
países se han aplicado algunos de sus principios y visiones. El
hecho de que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas haya desaparecido
puede interpretarse como la desaparición de esta corriente en cuanto a lo
práctico de aplicarla como un todo, pero siguen siendo rescatables y aplicables
algunas de sus aspiraciones.