El muro de las lamentaciones es el lugar sagrado más
importante para los judíos. Se trata de los restos del Templo de Jerusalén,
construido por Herodes en el año 20 antes de Cristo, el que fue destruido en el
año 70 por los romanos. Entre las piedras que componen este muro, los fieles
ponen pequeños papeles con sus peticiones.
Se dice que Salomón mandó a construir el primer templo judío
entre los años 970 y 930 antes de Cristo, pero que éste fue destruido en el 586
en el ataque de los babilonios que gatilló el exilio del pueblo judío. En el
siglo VI antes de Cristo, se recuperó Jerusalén y se mandó a construir el
segundo templo, en el mismo lugar donde se encontraba el anterior. Sin embargo,
las constantes batallas con los romanos, la Gran revuelta judía y la toma de
ciudad por parte de los romanos, terminaron con la destrucción de la ciudad y
del templo, quedando en pie sólo este famoso muro.
Se dice que el nombre del muro de las lamentaciones viene del
hecho (más bien leyenda) en que el emperador romano Tito dejó en pie el muro con
el objetivo de que el pueblo judío se lamentara de que los romanos los habían
vencido. Por otra parte, para ellos, tomó el valor de una promesa hecha por
Dios, en la que siempre quedaría al menos una pequeña parte del templo, en
representación y como símbolo de que su alianza con este pueblo se mantendría
por siempre.
Es debido a lo anterior, que los judíos de todo el mundo
llegan hasta al muro de las lamentaciones a realizar sus peticiones y oraciones,
ya que se le considera el lugar más sagrado al que pueden acceder en la Tierra.
Como ya se mencionaba, los fieles vienen a introducir sus plegarias entre las
piedras del muro, y oran para que Dios vuelva a Israel, piden por el regreso de
los exiliados judíos y por la venida del Mesías judío.