El reflujo gastroesofágico consiste en el paso del contenido
gástrico al esófago por medio del esfínter esofágico inferior (una banda de
fibras musculares que cierran y separan el esófago del estómago), éste puede
provenir desde el estómago o el intestino. Esto provoca irritación en el
estómago y acidez.
Dentro de los síntomas que presenta esta enfermedad están la
acidez, flatulencias, regurgitación del alimento, náuseas y vómitos, vomito con
sangre, ronquera o cambios de voz, dolor de garganta, dificultad para deglutir y
tos.
Para poder diagnosticar la enfermedad es necesario realizar
una exploración radiológica con contraste. El paciente debe ponerse en
diferentes posiciones de manera de mover el líquido que tenga en su interior y
observar el recorrido que éste realiza. Además se hace un estudio del ph del
reflujo para determinar de qué tipo es.
El tratamiento requiere de un enfoque global. Lo primero es
producir un cambio en el estilo de vida que lleve a una reducción de peso en el
caso de los pacientes obesos. Además es útil subir la cabecera de la cama entre
3 y 8 cm. Cualquier comida debe ingerirse de tres a cuatro horas antes de dormir
o acostarse. Hay que evitar consumir alimentos que relajan el esfínter esofágico
inferior como la cafeína, el alcohol, el tabaco, las especias, la menta y el
chocolate.
Es fundamental complementarlo con medicamentos como los
antiácidos, los inhibidores de la bomba de protones que secan la producción de
ácidos en el estómago y los estimuladores de la movilidad del esfínter
esofágico.
En última instancia se puede recurrir a la cirugía cuando los
síntomas son incontrolados o por complicaciones de esofagitis. Principalmente
pretenden corregir las hernias de hiato de manera de devolver el estómago a la
cavidad abdominal y cerrando el paso por el diafragma.
En el caso de los niños pequeños, es muy corriente que sufran
de regurgitaciones es decir, que devuelvan un poco de la leche que han tomado.
Sin embargo hay que poner atención al comportamiento del pequeño para saber si
es que se está en presencia de un cuadro normal o sufre de reflujo
gastroesofágico. Si el aumento de peso es insuficiente, si llora y está inquieto
continuamente, si está decaído (producto de la anemia que genera el reflujo) y
presenta tos, bronquitis o asma, es posible que se esté en presencia de un niño
afectado por este mal y es recomendable hacerlo tratar por un especialista lo
antes posible.