El romanticismo es el movimiento cultural que rompe con toda regla
estereotipada y que antepone las emociones y sentimientos del autor en la
ejecución de su arte. Cualquier regla, especialmente clasicista o neoclásica,
era cuestionada para permitir que el autor y el espectador fundan sus emociones,
pues si algo tiene el romanticismo es que el autor hace llegar sus emociones
pero no para que el espectador las vea o presencie si no para que las viva. Este
movimiento empieza en Alemania e Inglaterra donde tal vez sus máximos
expositores son Goethe y Lord Byron en la literatura.
Coloquialmente hablamos del romanticismo para referirnos a
todo lo relacionado con el amor, especialmente en su aspecto emocional y
"platónico", lo que se deriva en parte de las ideas asociadas al movimiento
mencionado, y también en parte por el romance como sinónimo de las novelas de
caballería medievales.
En el caso de Goethe es
famoso su libro llamado “Werther” un epistolario (un libro de cartas) donde el
personaje nos lleva por la senda de una decepción amorosa que lo lleva a
suicidarse. Como anécdota, vale la pena mencionar que el libro fue tan exitoso que se encontraron muchos
suicidas abrazando el libro pues se identificaban hasta ese punto con el
personaje y una nota curiosa, Goethe escribe el libro para librarse de la idea
de suicidarse pues había recibido una gran rechazo amoroso.
En Francia
sobresaldrán tres grandes genios del romanticismo: Víctor Hugo, Alexandre Dumas y Alexandre Dumas
hijo. Mis favoritos son los Dumas, sobre todo el padre que llevaba una pasión
que desborda en sus libros de aventuras: “Los tres Mosqueteros”, “El conde de
Monte Cristro” y “Veinte años después”. Es una lástima que se cuestione la
autoría de muchos de sus libros, pero así fue Dumas padre, utilizó la mano de
obra de otros escritores y amigos.
En la literatura española mi favorito hablando del
romanticismo es
Gustavo Adolfo Bécquer, aunque algo tardío dicen muchos, representa un
romanticismo más puro en el sentido de que no se preocupa tanto de la política
como ocurre con otros autores como Zorrilla. El primero de los románticos y el
último de los clásicos en la música fue Beethoven que con una fuerza inusitada
nos lleva desde los campos de batalla en su sinfonía “Heroica” (que dedicó a
Napoleón y que luego destroza la larga dedicatoria al saber que el gran general
se convierte en emperador para dejarle ese título simple) hasta realizar un
grito de esperanza en su novena sinfonía, llamada de la Esperanza precisamente o
la Coral pues utiliza un coro de voces para expresar (estando sordo) lo que ya
solo la voz humana podía hacer.