La apnea del sueño consiste en episodios caracterizados por
la interrupción de la respiración mientras la persona se encuentra durmiendo.
Ésta puede ser obstructiva o central. La primera se produce por el crecimiento
anormal de los tejidos de la garganta, como la campanilla, lo que rodea el
paladar largo, así como la lengua. Cualquiera de estos puede ser muy grande,
provocando una resistencia al paso del aire, lo que ocasiona el ronquido. Si
éste avanza, la obstrucción puede ser completa, obstruyendo de manera absoluta
la respiración.
La apnea central se produce cuando el sistema nervioso
central deja de mandar las órdenes al sistema respiratorio que producen la
inspiración y expiración del aire. Ésta es la que se manifiesta en los recién
nacidos y puede provocar la muerte súbita.
Además del aumento de peso, la apnea obstructiva del sueño
responde a consumos de alcohol o al uso de medicamentos para dormir. Este mal se
desarrolla más frecuentemente en los hombres, pero después de la menopausia las
mujeres se equiparan. Las personas que sufren de esta enfermedad suelen
encontrarse siempre muy cansados o con mucho sueño al día siguiente.
El sueño puede dividirse en cinco etapas. Las dos primeras
son aquellas en que la persona se encuentra entre la vigilia y el sueño. En las
etapas tres y cuatro es cuando realmente se comienza a descansar: se inician las
funciones restauradoras y se secretan las hormonas relacionadas con el
crecimiento. En la última etapa es cuando ya no se tiene control sobre los
músculos del cuerpo y la persona se encuentra totalmente relajada. En este
estado es cuando se sueña.
Las apneas se presentan, principalmente, en las etapas uno y
dos. Cuando las apneas se producen en la quinta el cese de la respiración es más
largo (incluso puede ser de un minuto) y más seguido. Cuando se detiene la
respiración, el corazón sufre de una bradicardia (late más lento) y cuando se
reinicia el ejercicio respiratorio se produce el fenómeno inverso, la
taquicardia.
Para tratar la apnea del sueño lo que se busca es mantener
abierto el paso del aire. En primera instancia, lo recomendable es controlar el
peso y evitar el consumo de alcohol y sedantes. Si esto aún no es exitoso, el
médico puede prescribir el uso de una mascarilla especial que se pone en la
nariz y la boca mientras se duerme. Sin embargo, si el problema responde a
causas anatómicas, lo recomendable es realizar una cirugía en la que se
extraigan las amígdalas o vegetaciones, se elimine el exceso de tejido detrás de
la garganta o se cree una abertura en la tráquea, como puente, para que pase el
aire mientras duerme, según las necesidades de cada paciente.