La depresión posparto es un período de tristeza e
irritabilidad aguda que sufren algunas mujeres después de haber tenido a un
hijo. Si bien es normal que, luego del nacimiento, la madre pase por un período
(alrededor de dos semanas) anímico bajo producto de la toma de conciencia del
nuevo niño y de su vulnerabilidad, cuando este estado se extiende en el tiempo,
se habla de depresión posparto.
Este mal suele ser causado por las fluctuaciones hormonales
que se viven en este período, sumado a la experiencia física del embarazo y a
los miedos asociados a la maternidad. Hay características que pueden hacer a una
mujer más susceptible de sufrir esta depresión, entre ellas, las que tienen un
historial depresivo, las que no cuentan con apoyo de la pareja, las que
perdieron a su madre de muy pequeñas y las que, al momento de nacer el niño,
sufrieron de algún acontecimiento vital adverso como problemas económicos, la
muerte de un ser querido y la pérdida de trabajo, entre otros.
Los síntomas para detectarla son muy similares a los de
cualquier otra depresión. Por lo general, la mujer se siente triste e irritable,
lo que le provoca fatiga e insomnio. Suele sufrir de pérdida de apetito, aunque
en algunos casos, producto de la ansiedad come muchísimo y luego se siente
disconforme con su cuerpo por la gordura. Además suele generar una incapacidad
para disfrutar lo que antes les gustaba, especialmente, del sexo. También es muy
frecuente que se sienta desbordada por las actividades de su nueva vida,
considera que no logra hacer nada bien y que el tiempo no le alcanza. Por último
desarrolla una ansiedad aguda que puede manifestarse en sus más variadas formas.
Para lograr salir adelante, lo primero es hacer que la
paciente reconozca su situación y decida solucionarla, esto ayudará a que se dé
cuenta que no es una mala madre ni una persona anormal. Otro elemento que ayuda
es incorporar a la pareja en el proceso de recuperación ya que él también ha
sufrido con los cambios de la nueva madre y muchas veces se siente desplazado.
El método ideal para enfrentar el tema es por medio de una
terapia hablada. Esto puede ser con un amigo, un familiar o cualquier persona
cercana que sea un interlocutor simpático, comprensivo y no crítico. También se
puede pedir ayuda a un psicólogo para llevar a cabo una terapia profesional.
Existe, además, la posibilidad de recibir un tratamiento
farmacológico por medio de antidepresivos. Se han desarrollado algunos
especiales para este período, los que no afectan la lactancia materna ni
implican ningún riesgo para el recién nacido. Otra opción es la terapia
hormonal, aunque su eficacia no está del todo comprobada.
Diferentes estudios establecen que la depresión posparto
afecta entre un 8 y un 20 porciento de las mujeres y es más frecuente con el
primerizo. Lo ideal es detectarlo lo antes posible porque hace más fácil su
tratamiento y hay que estar alerta porque puede manifestarse incluso seis meses
de nacido el niño.