La economía social de mercado es un orden social, económico y
político integrado, que se caracteriza por tener una política económica de
mercado, y al mismo tiempo una política social que regula a la primera, lo
que se configura además como su mayor diferencia frente al neoliberalismo.
La economía social de mercado está fundada bajo valores
éticos que son definidos como trascendentes y universales para la doctrina
social. Este sistema se ha implementado en varios países del viejo continente y
se comporta como el contrario a los sistemas económicos socialistas de
planeación y a la economía de tendencia liberal, por lo que es considerada como
una tercera vía.
Los valores éticos en los cuales se fundamenta la economía
social de mercado se centran en principios que guardan relación con la dignidad
humana, el bien común, la solidaridad y la subsidiaridad, a fin de lograr un
sistema económico al servicio del hombre. Por lo mismo se entiende como un
sistema liberal con márgenes y límites reglados según una agenda valórica y de
principios.
Entre los principios constitutivos de la economía social de
mercado, encontramos siete principios básicos. En primer lugar, el sistema de
“competencia perfecta”, un sistema de precios para el que es necesaria una gran
cantidad de oferta y de demanda. Por otra parte, la “estabilidad de la moneda”,
donde se mantiene su valor en forma constante, labor a cargo de un banco central
independiente del gobierno. Además encontramos el “libre acceso a los mercados”,
en el que no deben existir barreras para ingresar a los diferentes mercados.
Luego, en cuarto lugar, la “libertad contractual” se refiere a la necesidad de
la libertad de contrato necesaria para la competencia, sin embargo, es posible
que, en este caso, el gobierno intervenga en dicha libertad, garantizando la
justicia social. En quinto lugar encontramos la “propiedad privada con función
social” o “hipoteca social”, que se refiere a que, dentro de los fundamentos de
la economía social de mercado, se encuentra la propiedad privada de los medios,
subordinada al principio de destino universal de los bienes. En sexto lugar, la
“plena responsabilidad”, en otras palabras, la búsqueda libre del beneficio
económico guardando valores éticos como el bien común, la moderación y la
responsabilidad ambiental. Por último, la “constancia de la política económica”,
la que debe garantizar el bienestar de todos los actores sociales.