La influenza es un virus que afecta a los seres humanos
provocando varias complicaciones similares a las de una fuerte gripe. El virus
fue descubierto en 1993 y se clasificó en dos tipos: A y B, sin embargo, existe
un tercero, C, que es menos importante. Tal como lo hacen todos los virus, el de
la influenza tiene la capacidad de mutar, lo que le permite alojarse en otros
organismos y defenderse de las “vacunas”. Es debido a lo anterior, que es
necesario ir desarrollando constantemente nuevas vacunas que puedan combatir la
nueva forma del mismo virus.
Los síntomas característicos de la influenza son similares a
los de una gripe, sin embargo, es particular de este virus que los síntomas se
manifiesten en forma casi inmediata, presentando altas temperaturas con
cansancio extremo por dos o tres días, lo que en algunos casos, puede
prolongarse a una semana completa. Dentro de sus características, la influenza
se manifiesta con fuertes dolores de cabeza, así como también dolor de garganta
y tos, dolor muscular, articular y fotofobia.
En los niños se manifiesta en forma similar, pero con algunas
particularidades como la presencia de vómitos, diarrea y disminución
considerable del apetito, así como también una gran dificultad para respirar.
Al ser provocada por un virus, la influenza es altamente
contagiosa. Su contagio se produce a través del contacto con el virus por vía
aérea con aves u otras personas infectadas. Lo anterior, debido a que el virus
sale del organismo al ambiente con las secreciones, por lo tanto, es muy
importante taparse tanto la boca como la nariz al toser o estornudar.
La forma más efectiva de prevenir la influenza es a través de
la vacunación, no obstante, es necesario tomar precauciones como evitar el
contacto cercano con personas enfermas y lavarse las manos con frecuencia a fin
de protegerse contra los gérmenes.