La inmunología es una gran rama de la biología que se
preocupa principalmente por los diversos mecanismos de defensa de los organismos
en contra de amenazas externas. Fue considerada por mucho tiempo como una rama
de la bacteriología pero, actualmente, ha logrado un desarrollo teórico y
práctico que le permite una mayor independencia. La inmunología tiene varias
divisiones por presentar aplicaciones en varias ramas de la ciencia.
Debido a que las personas pueden quedar inmunes a una
enfermedad después de haberla tenido, lo que se llama inmunización, en la
antigüedad se usaban muchos métodos para ayudar a las personas a lograrla. Por
ejemplo, en China, se administraba a las personas sanas, sustancias que se
obtenían de las pústulas de personas con viruela benigna y así inmunizarlos en
contra de ese mal. En otras partes del mundo se usaron métodos similares pero
recién se comenzó un desarrollo experimental con los trabajos de Edward Jenner,
que descubrió que era más seguro y eficaz usar pústulas de bovinos que de
humanos, y de Louis Pasteur, que descubrió el uso de cepas de bacterias
infecciosas administradas en animales para inmunizarlos. Durante el siglo XX,
las técnicas de vacunación se perfeccionaron y se avanzó significativamente en
la investigación biológica, logrando identificar diversos agentes defensivos y
los mecanismos de la inmunidad.
Existen tres sistemas de defensa en los organismos en contra
de las infecciones, campo de estudio relevante para la inmunología, claro. Unos
de los sistemas de defensa es la piel, que protege superficialmente, y las
sustancias antibacterianas secretadas en las mucosidades, que actúan como
bloqueadores. Cuando falla la primera defensa, actúa la respuesta celular no
específica, que consiste en la acción de las células macrófagas y neutrófilas,
conjugada con los cambios de los interferones, que son sustancias que regulan
parámetros fisiológicos. Finalmente, la respuesta inmunitaria específica, actúa
contra la infección no de manera inmediata. Primero, identifica el agente
infeccioso para luego producir células específicas. En el proceso cooperan
células como linfocitos, macrófagos, monocitos y otras. Algunas de ellas
producen anticuerpos que se unen de manera específica a los antígenos de los
agresores.
Las células del sistema inmunitario están repartidas por todo
el cuerpo, como células aisladas o como grupos difusos. Además, se pueden ubicar
en órganos especializados llamados linfáticos, que son el timo, los ganglios
linfáticos y el bazo. Los principales linfocitos o medios de respuesta
inmunitaria, provienen de un modelo celular ubicado en la médula ósea. Mientras
los linfocitos viajan por el sistema circulatorio y los órganos linfáticos, se
someten a varias influencias que determinan su especificidad para combatir las
diferentes amenazas.
Hay distintos tipos de inmunidad, lo que también es objeto de
estudio de la inmunología. Se incluyen los mecanismos inespecíficos de defensa o
la barrera natural, que constituyen la primera barrera del cuerpo de un
organismo mencionada anteriormente, como la piel y la mucosa. También se
incluyen el estómago, que se conoce como trampa gástrica; la nariz y la
garganta, que presentan vellosidades que atrapan y expulsan los agentes
extraños. También participa el moco, que atrapa las partículas atrapadas.
También se incluyen las glándulas sudoríparas, la lisozima de las lágrimas y la
saliva, las secreciones del duodeno, las bacterias del intestino y la espermina
del semen o de las secreciones vaginales. Este tipo de defensa bloquea pero no
da inmunidad al organismo.
Otra inmunidad es la adquirida, que se desarrolla durante la
vida, es decir, no se nace con ella. Consiste en la producción de anticuerpos
después de haber tenido una infección. También puede ser la transmisión de
anticuerpos desde la madre al bebé, por la placenta o la leche materna. En
cuanto a la inmunidad activa, es una resistencia que se induce luego del
contacto con agentes extraños. Consiste en la producción activa de anticuerpos
en el mismo organismo, que permiten que las células linfoides respondan
efectivamente en contra de los antígenos. Finalmente, la inmunidad pasiva, que
es una inmunidad adquirida producida por los anticuerpos dados por la madre al
feto y al reciñen nacido, por la placenta y la leche, respectivamente. A
diferencia de la activa, los anticuerpos se producen en otro organismo. Esta
inmunidad es de corta duración, al contrario de la activa, que es permanente. La
inmunidad adquirida puede ser artificial a través de las vacunas y los sueros.
Bueno, ahora ya sabes, a rasgos generales, de que trata la inmunología, y como
nos afecta como seres humanos este apasionante campo de estudio.