La insolvencia es una situación que enfrentan personas
o empresas (cualquier entidad económica) cuando ya no existe forma alguna de poder pagar sus deudas,
ni en el corto o largo plazo (una empresa podría enfrentar una falta de liquidez
inmediata, pero corregir esta situación con el tiempo). A esto en muchos lugares también se le
llama "quiebra", y en este sentido los acreedores pueden solicitarla para un deudor
(quiebra involuntaria), para recuperar parte de lo que se les debe, pero en la
mayoría de los casos es el mismo deudor el que la solicita, lo que se llama
"quiebra voluntaria".
En estricto rigor, y vale recalcarlo, por lo menos
técnicamente la insolvencia no es lo mismo que la quiebra o bancarrota, aunque
en ocasiones se les utilice como sinónimos. La primera es una condición de la
entidad, en cuanto a su inhabilidad para poder pagar sus deudas, mientras que el
segundo concepto corresponde a una decisión de una corte, lo que resulta en
acciones legales (dependiendo claro de cada legislación, pero es importante
aclarar los conceptos).
Una de las alternativas que tiene una empresa al encontrarse
en una situación de insolvencia frente a sus deudas, consiste en la
reestructuración de sus deudas, mediante el refinanciamiento (básicamente
cambiar una deuda por otra con ciertas condiciones) o algún otro mecanismo y
acuerdos, lo que evitaría llegar a la situación formal y legal de la quiebra (es
una alternativa extra-judicial).
Las legislaciones pueden marcar pronunciadas diferencias en
las consecuencias de la insolvencia, o hacerla literalmente sinónimos de una
quiebra; dependiendo además de la constitución de la empresa, sus dueños podrían
o no tener que hacerse cargo personalmente de las deudas pendientes.
O sea cuando una persona o entidad se declara en insolvencia,
no es que simplemente le borran
las deudas, y existen muchas otras consecuencias negativas a raíz de
tomar la decisión de declararse en esta situación. Hablando de aquí en adelante
en el artículo en términos muy generales orientados principalmente a las
personas más que a las empresas, debido a lo que pueden variar las leyes en cada
país, por ejemplo por medio de la insolvencia (o de su figura legal
equivalente), podemos comenzar señalando que los individuos "manchan" por así
decirlo su reporte de crédito. En otras palabras, la insolvencia queda
registrada por una cierta cantidad de años en dicho reporte que manejan las
entidades financieras, quitándole por
completo la posibilidad de optar a algún tipo de crédito (esto va a depender de
la legislación local de cada país). Esto hace que la posibilidad de cambiar el
auto, o adquirir uno nuevo, comprar una casa, o cualquier otro gran proyecto se
vean frenados debido a la imposibilidad de solicitar algún tipo de préstamo. Lo
anterior tiene mucho sentido ya que, si se considera que las personas que se han
declarado en insolvencia no han pagado las deudas, y acuden a solicitar un nuevo
préstamo, entonces la entidad prestamista no podrá contar con confianza alguna
de que dicha persona pagará lo acordado.
Además, es necesario recordar que no desaparecen todas las
deudas y gastos; es de suma importancia señalar que, aún con esta declaración o
la figura legal que se le ajuste,
además de los gastos del diario vivir que se deben afrontar (en el caso de las
personas todos los gastos cotidianos como cuentas varias, colegios y/o universidades que
pagar, impuestos, etc...) existirán gastos asociados a los trámites y
procedimientos que se desencadenan.
La declaración de insolvencia permanece en los archivos
públicos por un cierto lapso de tiempo, y lamentablemente, estigmatiza a quienes poseen
en sus datos información de este tipo. Se ha visto que, muchas veces, limita las
posibilidades de mantener un empleo debido a su inmediata asociación con la
irresponsabilidad, lo que aumenta en forma considerable, los problemas de baja
autoestima y frustración.
Debido a todo lo anterior es que es muy necesario considerar
todas y cada una de las consecuencias que conlleva la declaración de
insolvencia, ya que, claramente, no se trata sólo de olvidarse de las deudas.
Para esto tanto en nuestra vida personal como empresarial, es necesario
asegurarse constantemente que vamos a ser capaces de cubrir nuestros pasivos
exigibles con nuestros activos, económicamente hablando, para no caer en la
insolvencia. Y si por algún motivo lo hacemos, es importante informarse bien
para seguir los pasos legales y económicos que corresponden.