La liposucción, lipoescultura, aspiración de grasa,
extracción de la grasa o lipectomía por succión es una técnica realizada por un
cirujano plástico por medio de la cual se busca extraer parte de la grasa del
cuerpo ubicada, por ejemplo, en el abdomen y los muslos. Por medio de un aparato
de succión y tubos adecuados en pequeñas incisiones para cada zona se reduce la
cantidad de grasa corporal.
Esta técnica estética ha tenido un gran éxito en los últimos
años y ha servido para moldear las áreas de abajo del mentón, el cuello, los
pómulos, la parte superior de los brazos, los senos, el abdomen, los glúteos,
las caderas, los muslos, las rodillas, las pantorrillas y los tobillos de miles
de personas, especialmente mujeres. Sin embargo, esta intervención es complicada
y requiere de un período de recuperación que suele ser bastante doloroso.
Antes de someterse, el paciente debe estar en conocimiento de
todos los riesgos que una operación como ésta implica. Es importante que sus
expectativas sean realistas y que no se ilusione con la idea de que una
liposucción le regalará un cuerpo perfecto. Algunos de los riegos son: posibles
infecciones derivadas de la intervención; lesiones en los nervios, piel, tejidos
u órganos; quemaduras debido al calor o a los instrumentos utilizados durante la
operación; hemorragias y la posible formación de coágulos sanguíneos; la
asimetría de los resultados (esto es corregible), las cicatrices de las entradas
de los tubos; y la flacidez de la piel en la zona tratada (también es
corregible).
Una vez tomada la decisión, se procede a intervenir. Para
empezar, el médico marca las zonas de las que se extraerá la grasa en exceso.
Una vez que se ha aplicado la anestesia, sea esta local o general, se realizan
unas especies de túneles en las zonas marcadas, desde donde se realizará la
aspiración. Luego se inyecta una sustancia por los túneles que reducirá el dolor
y el sangrado y mejorará el campo de succión. En algunos casos también se usa
una técnica de liposucción asistida por ultrasonido, cuyas vibraciones son
usadas para licuar las grasas y hacer más fácil su extracción. Una vez terminada
la intervención se aplican vendajes en la zona tratada y, según la magnitud de
la operación, el paciente se hospitaliza o es enviado a su casa a hacer reposo.
Después de la liposucción, el área intervenida puede parecer
más grande que antes, pero es una consecuencia de la hinchazón. Durante las
primeras tres semanas es recomendable utilizar una faja o elástico apretado que
ayude a reducir el sangrado y a recoger la piel de manera que se ajuste al nuevo
contorno. Los puntos de sutura se retiran entre los 5 y 10 días que siguen a la
operación y el médico puede prescribir antibióticos para evitar alguna
infección. A las diez semanas se pueden evaluar los resultados finales.