La memoria flash consiste en una pequeña tarjeta destinada a
almacenar grandes cantidades de información en un espacio muy reducido.
Usualmente es posible encontrarlas guardando las fotos de una cámara digital,
los programas de calles y rutas de un GPS, la agenda de contactos de un teléfono
celular o los archivos, correos y direcciones de una agenda PDA.
Este tipo de tarjetas son denominadas no volátiles, ya que
conservan los datos aún cuando no se encuentran conectadas a la corriente
eléctrica. Los primeros dispositivos de este tipo fueron fabricados en 1971 y
eran denominadas EPROM por el inglés Erasable Programmable Read-Only Memory.
Estos aparatos también eran capaces de almacenar los datos al cortar el flujo
eléctrico, sin embargo, para volver a grabar información era necesario borrar a
través de rayos ultravioleta.
Las tarjetas de memoria flash están hechas de muchísimas
celdas microscópicas que acumulan electrones con diferentes voltajes a medida
que la electricidad pasa a través de ellas, creando así un mapa de diferentes
cargas eléctricas. De este modo la tarjeta logra guardar la información que el
usuario requiere. Mientras más compacta esté distribuida su estructura, mayor
información almacena, y asimismo también aumentan los costos en la fabricación
de estos dispositivos.
La otra forma de almacenar toda esta información es a través
de un disco duro, y la gran diferencia que tienen con las tarjetas de memoria
flash, es que estas últimas no cuentan con partes móviles (como el lector del disco), sino que están
formadas por una sola pieza fabricada en un material semiconductor. De este modo
se configura como un dispositivo de tamaño muy reducido que no pierde los datos
cuando sufre de movimientos fuertes y/o golpes. Generalmente son de forma
cuadrada o rectangular y se pueden conectar al computador a través de un puerto USB, por lo tanto, es posible intuir que se trata también de los famosos
pendrive o llaveros USB.
En comparación con los discos duros convencionales,
las tarjetas de memoria flash resultan ser bastante caras, ya se eleva la
relación precio-capacidad de almacenaje. Sin embargo, vale la pena el gasto
debido a lo cómodas que son, ocupando muy poco espacio y teniendo un peso
bastante menor. Por otra parte estos precios disminuyen a medida que la
tecnología avanza, y hoy es posible encontrar a precios muy convenientes
memorias de más de 1 giga, tamaño de almacenamiento hace algunos años disponible
únicamente para discos duros.