La menopausia es el período de transición que concluirá
cuando termine la fase reproductiva de la mujer. El cuerpo deja de producir
óvulos, disminuye el estrógeno y la progesterona y las menstruaciones se vuelven
cada vez menos frecuentes hasta que se acaban. Este fenómeno se presenta entre
los 45 y 55 años e inhabilitará el cuerpo de la mujer para quedar embarazada.
Las irregularidades en la menstruación, sea un aumento o una disminución en la
frecuencia, pueden prolongarse entre 1 y 3 años. Una vez terminado el proceso,
se pasa a la etapa de la posmenopausia.
Dentro de los síntomas, se pueden manifestar: sofocos
(oleadas de calor) y enrojecimiento de piel, sudoración nocturna, insomnio,
cambios en el estado de ánimo incluyendo irritabilidad, depresión y ansiedad,
períodos menstruales irregulares, manchado de sangre entre los períodos,
resequedad vaginal y relaciones sexuales dolorosas, disminución del impulso
sexual, infecciones vaginales e infecciones de las vías urinarias.
Además, a largo plazo, pueden provocar una pérdida de hueso
que lleve a una osteoporosis y cambios en los niveles de colesterol que pueden
desencadenar una cardiopatía. La intensidad y el tipo de síntomas que se
presenten, dependerá de cada mujer. En el caso de que los ovarios sean
extirpados quirúrgicamente (menopausia quirúrgica), la disminución violenta del
nivel de estrógeno conlleva que estos síntomas se presenten de manera más
impetuosa.
La menopausia, como proceso natural no requiere de
tratamiento, sin embargo, existen diferentes mecanismos para reducir las
molestias producidas por sus síntomas. La persona debe evaluar si es que se
somete a una terapia de reemplazo hormonal. Si bien, hace un tiempo era
ampliamente recomendado, hoy existen dudas de sus consecuencias. Es importante
sopesar los beneficios y desventajas de consumirlas junto con un médico.
Para evitar la terapia hormonal y reducir las molestias de
los síntomas, los doctores recomiendan: vestirse con ropa ligera y en capas;
evitar la cafeína, el alcohol y los alimentos condimentados; practicar
respiraciones lentas y profundas cada vez que se comience a presentar un sofoco
(tratar de tomar 6 respiraciones por minuto); acudir a un acupunturista;
utilizar técnicas de relajación como yoga, tai chi o meditación; consumir
alimentos de soya; permanecer sexualmente activa para preservar la elasticidad
de la vagina; realizar los ejercicios de Kegel diariamente para fortalecer los
músculos de la vagina y la pelvis; y utilizar lubricantes a base de agua durante
la relación sexual.