La miopía, palabra proveniente del griego y que quiere decir
ojo cerrado, es un error en el enfoque visual que genera problemas para ver los
objetos distantes. Lo que sucede es que los objetos son enfocados delante de la
retina y no sobre ella misma, por esto es que no se produce problema en los que
se encuentran cerca. Cuando se presenta el problema se dice popularmente que
somos "miopes".
Su causa puede deberse a que el globo del ojo es
excesivamente alargado o porque el cristalino, el lente que se encuentra en el
ojo, tiene una distancia focal demasiado corta. Por esto, no existe ninguna
forma de prevención de esta enfermedad.
Por lo general, se desarrolla durante la época escolar y se
suele estabilizar alrededor de los 20 años. Hasta entonces, su avance es muy
rápido y es probable que sea necesario estar cambiando los anteojos o lentes de
contacto con una nueva graduación, constantemente. Esta enfermedad afecta por
igual a hombres y a mujeres y existe una clara predisposición familiar en ella.
Contrario a lo que se cree generalmente, la miopía no tiene ninguna relación con
la lectura o escritura excesiva en lugares a los que llega poca luz.
Para detectar la miopía hay que fijarse en si los objetos
distantes se ven borrosos, si se produce bizqueo (llamado también estrabismo, o
turnio), si se producen dolores de cabeza y si hay tensión ocular. Otro rasgo
muy característico de quienes sufren este mal es el de entrecerrar los ojos para
intentar enfocar los objetos alejados. Una vez que ha sido detectada se puede
corregir por medio de anteojos, lentes de contacto y, en algunos casos,
intervención quirúrgica.
Cada uno de estos tratamientos para la miopía tiene sus
ventajas y desventajas. En el caso de los anteojos, estos no producen ningún
riesgo para los ojos, pero son más evidentes estéticamente hablando, pueden ser
desagradables para practicar deportes o no recomendables para ciertas
profesiones.
En cuanto a los lentes de contacto, su corrección visual para
la miopía es mejor que la de los anteojos ya que se mueven junto con éste, por
lo tanto la visión no se ve interrumpida por el límite impuesto por el marco de
los anteojos tradicionales; no se ven, y permiten realizar diferentes tipos de
actividades sin mayores inconvenientes. Sin embargo hay gente que nunca se
acostumbra a usarlos, además pueden producir úlceras corneales o infecciones que
pueden llegar a ser bastante graves. Por eso es imprescindible realizar una
higiene adecuada.