La motivación es un concepto ampliamente utilizado, sin
embargo, la Psicología lo hace propio a través de la definición que el afamado
psicólogo de los Estados Unidos, Abraham Maslow, hace de este concepto y la
división que hace de él en diferentes niveles. La motivación se define como la
razón por la cual un individuo realiza determinada actividad o acción,
comportándose como una de las causas de cierto acto.
La motivación puede incluir en sí tanto los impulsos
concientes como los inconscientes, de este modo, es posible, a partir de la
psicología, hacer referencia de las motivaciones primarias y secundarias. Las
primeras son aquellas que guardan relación con la satisfacción de las
necesidades humanas básicas como lo son el comer, el respirar, el beber, entre
otras. Por otra parte, las motivaciones de carácter secundario son aquellas que
satisfacen necesidades de orden social, tal como es el caso del afecto o el
logro. Como es de suponer, es requerimiento poder lograr la satisfacción de las
motivaciones primarias a fin de lograr satisfacer las secundarias.
Como ya se mencionaba, al hablar de motivación en psicología
lo primero que viene a la mente es la teoría propuesta por Abraham Maslow. Sin
embargo, han sido muchas las corrientes de esta disciplina que han intentado
desarrollar este concepto, entre ellas se encuentra el conductismo, cuyos
seguidores plantean que existe un determinado monto mínimo de estimulación que
predispone a los individuos a actuar de cierta forma a fin de intentar eliminar
la estimulación en cuestión. Bajo este enfoque, lo primordial sería el estado de
nula estimulación. Desde otra perspectiva, la Teoría Cognitiva plantea la
necesidad humana de optimizar la estimulación y no anularla. De este modo,
muchas corrientes de la psicología intentan explicar el fenómeno de la
motivación.
Como ya se mencionaba, Abraham Maslow diseñó la famosa
“pirámide motivacional” en la que la motivación se divide en seis niveles que
explican la determinación del actuar del hombre. En el primer piso se encuentran
las necesidades fisiológicas, posteriormente, las de seguridad para pasar luego
a las necesidades de amor y sentimientos de pertenencia. En cuarto lugar es
posible encontrar las necesidades de prestigio, competencia y estima, mientras
que en el quinto piso están las necesidades de autorrealización, y finalmente,
la necesidad de curiosidad y de comprender el mundo circundante.