La nicotina es una alcaloide encontrado principalmente en la
planta de tabaco (en cantidades que varían entre el 0,3% y el 5%), aunque
también está presente en mínimas cantidades en el tomate, la papa, y la pimienta
verde. En pequeñas concentraciones constituye un estimulante, siendo la
principal sustancia que produce la dependencia al tabaco.
La historia de la nicotina como tal comienza cuando se le dio su nombre a partir de la planta
Nicotiana Tabacum, la que fue llamada de este modo cuando el embajador
francés Jean Nicot, mandó semillas de tabaco desde Portugal a París en el año
1550 de nuestra era, con el fin de promover su uso medicinal. Es en el año 1828,
cuando la nicotina fue aislada de la planta de tabaco por los químicos alemanes Posselt y Reimann. Más adelante, en el año 1843, Melsen describió su fórmula
química, y en 1893, fue sintetizada por primera vez por Pictet y Crepieux.
Los efectos estimulantes de la nicotina (en pequeñas dosis)
en el sistema circulatorio sanguíneo, se traducen en un incremento de la
actividad y sentido de alerta. También contribuye a aumentar el ritmo cardíaco y
la presión sanguínea, reduciendo el apetito. En grandes dosis puede causar
vómitos y nauseas, constituyendo una sustancia venenosa tanto para los seres
humanos como para los animales; la que incluso puede provocar la muerte. El uso
prolongado y frecuente de nicotina produce una dependencia tanto física como
psíquica, la que según estudios llevados a cabo en Estados Unidos en el año
1988; tiene un poder adictivo comparable con la heroína y la cocaína. Dentro de
los síntomas físicos por la privación de la nicotina está la irritabilidad,
dolores de cabeza, ansiedad, trastornos del sueño, y molestias cognitivas,
síntomas que se producen entre 48 y 72 horas sin haber consumido la sustancia, y
que desaparecen tras un período que puede variar entre 2 y 6 semanas.
En la actualidad, los principales usos terapéuticos de la
nicotina están orientados a tratar la dependencia de fumar, mediante la
suministración de nicotina en pequeñas cantidades en forma de parches o sprays
nasales, con el fin de alejar a los pacientes de la adicción. Otros usos
actuales están orientados a tratar la epilepsia, el parkinson y el mal de
alzheimer. A pesar de estos usos, es interesante exponer los efectos negativos
(asociados a la nicotina) que se producen por el hábito de fumar tabaco. Entre
estos efectos cabe mencionar la posibilidad de desarrollar varios tipos de
cáncer, así como enfermedades cardiovasculares. Estudios llevados a cabo en Gran
Bretaña han mostrado que en promedio los no fumadores viven 10 años más que los
fumadores; asimismo estos últimos tienen mayor propensión a contraer cáncer de
pulmón. Debido a todos estos efectos, es que a partir de los años 70, muchos de
los países desarrollados han legislado para evitar que la gente adquiera el
hábito. Entre estas leyes cabe mencionar: restricciones en la publicidad,
prohibición de venta a menores de edad, y prohibición de fumar en recintos
cerrados.