La paleontología es la ciencia que se encarga de estudiar los
restos de los organismos en estado fósil para lograr conocer la vida pasada de
la tierra y sus habitantes y la evolución que se ha llevado a cabo. Dentro de
esta ciencia se encuentran ramas como la paleontología biológica, que estudia
las condiciones de los distintos ambientes naturales en las distintas épocas y
cómo han evolucionado. La paleozoología, que estudia los fósiles animales y la
paleobotánica, que estudia los fósiles vegetales. Además, el estudio de la edad
de las distintas capas de los fósiles encontrados es tema de la paleontología
estratigráfica.
Fue a fines del siglo XVIII cuando la paleontología
sorprendió al mundo con el estudio de los fósiles y ya en el siglo XIX, demostró
la existencia de los diferentes seres que habitaron la tierra en el pasado. Se
preocupó de establecer las relaciones entre los seres pasados y actuales y trató
de confirmar las diferentes teorías de la evolución. Sin embargo, los hallazgos
fósiles datan desde tiempos antiguos.
Parte de la paleontología es estudiar las diferentes etapas
de la tierra, que se caracterizan por tener cada una, el predominio de especies
diferentes de organismos. Las eras están separadas entre sí, de cambios
climáticos y geológicos importantes. Cada etapa de una era se denomina período y
cada etapa de un período se llama época. Fue el inglés Charles Lyell, quien en
1863, midió los períodos geológicos y estimó las edades de los terrenos y los
fósiles presentes en ellos. Gracias a esos fósiles de terrenos determinados, es
posible establecer la edad de los diversos estratos.
Es tarea de los geólogos determinar el origen de los restos,
ya sea marino, continental, glacial, etc. El paleontólogo, en cambio, se encarga
de determinar las condiciones de vida de esos restos, y también cómo murieron,
cómo se acumularon y cómo se fosilizaron. Luego de ello, busca establecer
condiciones de temperatura, salinidad y profundidad, también la composición
química del ambiente, las variaciones del clima, etc. Además de los organismos,
también se pueden reconstruir los paisajes pasados.
Otro aporte de la paleontología, además de la reconstrucción
del pasado, es la confirmación de las teorías de la deriva de los continentes.
Por medio de los fósiles, se puede saber si algún día los continentes estuvieron
unidos. Al encontrarse fósiles idénticos en continentes diferentes, se confirma
que esos continentes fueron una sola tierra en el pasado. También se establece
la permanente separación de otros continentes, cuando los fósiles de cada uno
difieren. También determina el nivel de complejidad de las distintas especies.
Algunas sufrieron un gran crecimiento como en el caso de los dinosaurios; otras
en cambio han permanecido casi sin variación.
La paleontología se basa en principios como el actualismo
biológico, que permite considerar los fósiles como seres vivos. El principio de
anatomía comparada, que pone al fósil en el lugar correspondiente del cuadro de
los seres vivos para reconstruir un animal completo. El principio de correlación
orgánica, que postula que los seres vivos se componen por varias partes, y
cualquiera de ellas puede servir para reconocer a un organismo. La correlación
funcional, que relaciona las estructuras fósiles con la función que cumplían en
el organismo cuando éste vivía. El principio de superposición estratigráfica,
que señala que los estratos inferiores tienen más antigüedad que los superiores
y, por lo tanto, los fósiles en ellos cumplen el mismo principio. Finalmente, el
principio de correlación estratigráfica señala que los estratos de una misma
época se caracterizan por la presencia de fósiles similares, matizado según
factores externos que lo puedan condicionar.