Esta es una representación santa mexicano no reconocido de
manera tradicional por la Iglesia Católica, de gran popularidad entre el pueblo,
a la que se invoca con fines de salud, de protección, y para recuperar a seres
queridos perdidos u objetos robados.
La santa muerte es una figura bastante curiosa, ya que existen variadas
formas de representarla, siempre con un aspecto tenebroso, generalmente con una
hoz para cosechar las almas, con un reloj de arena simbolizando el paso del
tiempo y con un mundo en sus manos. También esta vestida generalmente con
túnicas largas de satín y a veces con un rosario. El culto a la muerte no es
algo nuevo, sino que siempre ha estado de una manera u otra a lo largo de la
historia como una manera de conciliar los opuestos de la vida y la muerte; la
muerte se representa como la personificación de un poder encomendado por Dios,
necesario para la vida.
La historia de la santa muerte se piensa viene de la época
prehispánica, en donde se adoraban a las deidades provenientes de la cultura
azteca como Mictecancuhtli y Mictecacihuatl, dios y diosa de la muerte
respectivamente; a estas se encomendaban a los muertos para facilitar su camino
por la región de los muertos o inframundo, llena de obstáculos y peligros para
los que la transitaban.
A la santa muerte se le piden cosas positivas, a pesar de lo
tenebroso de la representación, y se le trata con respeto y sinceridad; para el
fervor popular puede llegar a ser prácticamente un miembro de la familia, y el
acercamiento que se le tiene es de alegría y cariño. También es conocida como la
"Flaquita", "La Niña Blanca" y la "Chiquita". Su culto se acompaña también con
velas y medallas dedicadas a su figura. Ya es considerada como una parte propia
de la cultura popular mexicana.