El lupus es una enfermedad que ataca directamente al sistema
inmune del organismo. Abarca todos los órganos y sistemas, principalmente las
articulaciones, los músculos y la piel, y también puede traer consigo
complicaciones en estructuras internas como riñones, cerebro, pulmones o
corazón.
El lupus es una enfermedad crónica, es decir, no hay cura
definitiva, no obstante existen medicamentos que la mantienen estable, como
corticoide y antipalúdicos. En la mayoría de los casos se desconoce la causa que
la desató, sin embargo existen estudios que sostienen que hay un fuerte
componente genético en la enfermedad. Se da con mayor frecuencia en personas de
entre 18 y 50 años, siendo predominante el sexo femenino (cuya proporción es un
hombre por cada diez mujeres).
Consiste específicamente en una autodestrucción del sistema
inmunológico, sistema encargado de defender al organismo de agentes externos
provenientes del medio ambiente. Sin saber por qué, este sistema comienza a
crear anticuerpo que atacan y matan los propios tejidos del cuerpo al que
pertenece, que se traducen en lesiones de distintas parte del organismo. Más
específicamente, el sistema inmune comienza a desconocer antígenos naturales
creados por el propio cuerpo y elabora cientos de anticuerpos para combatirlos,
de ahí viene la autodestrucción; a diferencia del cáncer por ejemplo, que se
caracteriza por una ausencia de anticuerpos que combaten la enfermedad.
Esta enfermedad se puede manifestar de varias formas en el
organismo, de esta manera se le puede confundir con otro tipo de enfermedades
cuyos síntomas serían iguales.
Se han identificado tres tipos de lupus que pueden atacar a
un organismo; lupus discoide, lupus sistemático y lupus medicamentoso. El
primero también se le conoce como lupus benigno pues por lo general ataca sólo
al órgano de la piel. El segundo tipo es el más frecuente y ataca a muchos
órganos por ende presenta una gran variedad de síntomas al paciente y asimismo
diversos tratamientos al médico. El último tipo de lupus, el medicamentoso, como
su nombre lo dice, se desata por la ingesta de un medicamento en particular, por
lo tanto, con tan sólo suspenderlo, la enfermedad desaparece.
Los síntomas más comunes de la enfermedad son ronchas rosadas
en la cara, dolor e inflamación en las articulaciones, fiebre sin una causa
coherente, dolor en el pecho y dificultades para respirar, sensibilidad al sol,
pérdida del cabello, entre otras.
Para un médico resulta muy arduo diagnosticar esta
enfermedad, pues como se dijo anteriormente es muy fácil confundirla con otras
patologías. Actualmente, por los avances de la medicina, los médicos tienen más
presentes la posibilidad de padecimientos de lupus.
Una persona con lupus debe aprender a vivir con eso, pues la
tendrá que soportar durante toda su vida. Debe aceptar ciertas limitaciones como
evitar la exposición al sol, las fatigas, impactos emocionales, etc. Es
importante también que el enfermo haga de su enfermedad menos dolorosa posible,
y para esto puede someterse a actividades de tonificación muscular o programas
de relajación.