La palabra cronómetro tiene un origen griego ya que está
inspirada en Cronos, el dios del tiempo. Es un reloj, o una función del reloj
que se utiliza para medir fracciones de tiempo, por lo general cortas y de
manera muy precisa, usualmente con fines deportivos.
A principios del siglo XIX fue un relojero suizo llamado
Louis Berthoud quien inventó el primer cronómetro. Él, durante su vida, se
dedicó a mejorar el aparato, en especial, en perfeccionar el sistema de cuerda.
Suelen encontrarse de dos tipos, los analógicos y los
digitales. Los primeros son aquellos que cuentan con manecillas para marcar la
fracción temporal, los segundos son electrónicos y de mayor exactitud que los
anteriores. Algunos de estos también cuentan con la función de cuenta regresiva.
Estos instrumentos suelen ser utilizados en competencias
deportivas que requieren de la medida temporal para determinar a los ganadores,
o bien, las mejoras que un jugador puede tener. Para hacerlo funcionar, lo más
común es que se pulse un botón cuando se inicia la competencia o el
entrenamiento y, una vez que éste concluye se vuelve a presionar el botón y el
cronómetro arroja el resultado preciso del tiempo que requirió la actividad.
Una de las ventajas de este tipo de aparatos es que permite
comparar los resultados obtenidos a lo largo del tiempo, ya sea en relación con
uno mismo, o con otra persona debido a la acuciosidad con que mide. Todos
entregan los datos con las centésimas de segundo, y algunos también pueden
entregarlos con las milésimas de segundo.
Pero existen otros tipos de cronómetros, como el marino. Éste
fue creado en 1736 por John Harrison. Era de manera y se fue perfeccionado a lo
largo del tiempo. Recién en 1761 se logró construir uno verdaderamente eficaz
que consistía en un aparato portátil que tenía por base unos balancines que lo
mantenían horizontalmente.
Estos cronómetros se llevan a bordo de los buques y son
usados para determinar la hora exacta, lo que es fundamental para poder fijar la
posición geográfica en la que se encuentra. Tal es su importancia para la
navegación, que se comprueba a diario su fidelidad por medio de una señal
radiotelegráfica que es transmitida por distintos observatorios.