El mosaico es una obra decorativa practicada desde la antigüedad.
Muchos de ellos son considerados grandes obras de arte. Se forman por piezas
pequeñas (teselas) de rocas como mármol, otras piedras, pasta de vidrio,
cerámica esmaltada, etc. Todas esas pequeñas piezas, de diversos colores y
formas, son dispuestas de maneras diversas, logrando importantes efectos
decorativos, que pueden ser en pequeños formatos o en grandes superficies como
pavimentos, muros, cúpulas, etc.
Los mosaicos son obras muy antiguas. Se sabe que los primeros
mosaicos se realizaron en Uruk, una ciudad mesopotámica, unos cuatro mil años
antes de Cristo. Mayor importancia tuvieron en Grecia, desde el siglo IV a. C.,
donde se crearon mosaicos de guijarros en blanco y negro y también en colores.
Más tarde, en el siglo II a. C. se introdujeron en Roma, en donde se utilizaban
pequeños fragmentos de piedra tallados en forma de cubos. Destacaron los
mosaicos de mármol, a los que también se añadían pedazos de barro cocido
esmaltado, fragmentos de vidrio, e incluso, algunas veces, piedras como ágatas,
malaquita, cornalina y lapislázuli. Con el tiempo, se utilizaron mucho más los
vidrios de colores.
El mosaico fue por muchos siglos, muy importante para
el cristianismo, que se expresaba a través de este arte. En el Imperio Romano de
Oriente, se utilizaron mucho para cubrir muros y cúpulas. Ya en el siglo IX, se
crearon importantes obras en la edad de oro del arte bizantino. Se decoraron
importantes edificios en numerosos países. En el siglo XVI, el arte se conservó
especialmente en Roma, en donde se utilizó para decorar la basílica de San
Pedro. Más adelante, el mosaico sufrió un olvido que se prolongó hasta el siglo
XX, en donde adquiere popularidad por el nuevo interés hacia las artes
decorativas.
Entre los tipos de mosaicos más destacados se encuentra el
mosaico romano, que utiliza materiales duros como el mármol y el gres, con los
que se realizan pequeñas teselas de diversos colores para crear dibujos
decorativos, especialmente destinados a pavimentos. También es importante el
mosaico cerámico, que utiliza piezas regulares para revestir paredes, techos o
columnas. En cuanto al mosaico veneciano, utiliza piezas de vidrio opaco,
especialmente para trabajos más pequeños pero de gran belleza. Otra técnica es
el trencadís, que utiliza teselas irregulares especialmente de cerámicas para
lograr obras muy llamativas y diversas utilizando baldosas rotas.
Existen varias técnicas para realizar mosaicos. La más
antigua es la directa, que cosiste en dibujar previamente la composición
indicando en la superficie, la distribución de los colores. Luego se colocan las
teselas de colores, que se van empapando con un baño de cemento con cal o de
masilla con aceite. Otro método es al cartón, en el que se utiliza un cartón con
el dibujo que se realizará. Las piezas se van pegando sobre el cartón hasta
cubrirlo, para luego voltearlo y aplicarlo en la superficie que se va a decorar,
que se debe untar previamente con cemento o masilla. El cartón se retira cuando
el cemento o la masilla se endurecen. Métodos más sencillos utilizan bases de
madera sobre las que se distribuyen las teselas pegadas con cola.
Los materiales más comunes que se utilizan en un mosaico hoy en día son las
teselas de esmaltes, que se fabrican a partir de vidrio que se funde con óxidos
metálicos colorantes a altas temperaturas. El vidrio fundido se vierte en placas
de metal y al enfriarse se parte con tenazas en las formas deseadas,
generalmente cuadradas. También se utilizan esmaltes de oro, que se logran
aplicando pan de oro sobre el vidrio que luego se funde. También es posible
realizar mosaicos utilizando cualquier material rompible a disposición de las
personas, como platos, espejos, conchas, tapas de botella, etc.