Un radar es un sistema electrónico capaz de captar la
presencia de objetos que se encuentran fuera del alcance de la vista, y que
además, permite saber a que distancia se encuentran. Todas estas funciones las
cumple a partir de un sistema que emite ondas de radio sobre los objetos en
cuestión.
El término radar proviene del inglés, específicamente de las
siglas formadas por “Radio detection and ranging”. Este término fue usado, por
primera vez, durante la Segunda Guerra Mundial para nombrar a diferentes
aparatos de detección, además de fijar posiciones. Este tipo de aparatos, además
de detectar la presencia de un objeto, eran capaces de determinar su forma y
volumen, posición en el espacio, velocidad y dirección de movimiento. Como
vemos, los radares, en un contexto bélico, resultaban de gran ayuda e
importancia.
A pesar de encontrar su origen en la guerra, el radar, en
nuestros días se utiliza en diversos campos, como la navegación, la meteorología
y el control del tráfico aéreo.
Básicamente, el funcionamiento de un radar consta en la
emisión que realiza un transmisor de ondas electromagnéticas o de radio, de alta
frecuencia. Las ondas emitidas por el transmisor rebotan contra con los objetos
conductores y vuelven, retrodispersándose hacia la antena parabólica. En el
monitor, aparece el eco del radar, y así quienes se encuentran a cargo del
monitoreo del aparato pueden saber dónde se encuentra el objeto. Además, un
radar cuenta con un computador capaz de medir el tiempo que le toma a la señal
reflejarse desde el punto donde se ha emitido, pudiendo medir la distancia a la
que se encuentra. Tal como dice el conocimiento popular, el sistema es similar
al usado por los murciélagos, con la salvedad que estos últimos usan ondas de
sonido.
Como se mencionaba anteriormente, el radar es frecuentemente
utilizado en la detección de fenómenos meteorológicos. El radar de clima permite
realizar pronósticos inmediatos, así como también permite realizar estudios
sobre algunos aspectos de la atmósfera como lo es la observación de los patrones
del viento. Por ejemplo, en los aviones comerciales el radar a bordo permite
rodear zonas tormentosas, y además identificar los contornos del terreno y
montañas.