Un tanque séptico es aquella fosa que recibe y trata las
aguas servidas que provienen de una vivienda o edificación. En esta fosa la
parte sólida de las aguas servidas es separada por un proceso de sedimentación,
y a través del denominado “proceso séptico” se estabiliza la materia orgánica de
esta agua para lograr transformarla en un barro inofensivo.
Por lo general, un tanque séptico se construye a partir de
una gran caja de forma rectangular, que posee uno o más compartimientos que se
encargan de recibir los excrementos y las aguas grises. Lo más común es que
estos tanques se encuentren enterrados y cubiertos por una capa de concreto. Su
principal objetivo es reciclar las aguas servidas, eliminando los desechos
sólidos en un lapso de entre uno y tres días.
Debido a que estas fosas poseen una concentración altísima de
material orgánico y organismos patógenos (que pueden ser causantes de diversas
enfermedades e infecciones), es necesario que sean herméticos, duraderos y de
estructura muy estable. Debido a lo anterior, los materiales que se utilizan
para su construcción suelen ser el concreto reforzado y el ferro cemento. Sin
embargo, es necesario que cuenten con una tapa a través de la cual se puedan
realizar tareas de inspección y vaciado, además, debido a los gases que del
tanque emanan, es recomendable que se instale un tubo de ventilación.
Como vemos, la función y adecuada utilización de los tanques
sépticos resulta fundamental para la mantención de la salud de nuestros hogares,
ya que reciben las aguas sucias o aguas servidas que provienen del baño, de la
cocina, de los lavaderos, etc. Es por esto que se recomienda no utilizar agua de
forma desmedida, y de este modo, evitar la saturación del sistema séptico.
Además es recomendable que su inspección sea realizada por expertos, por lo
menos una vez al año, y así poder evitar verdaderos desastres higiénicos en
nuestros hogares y vecindarios.