Este se refiere a una aplicación computacional capaz de
traducir una palabra, grupos de palabras o archivos completos (como en el caso
de páginas web) desde su idioma original a otro deseado. La lingüística
computacional como campo de la computación es la que se ocupa de desarrollar
este tipo de software, y lo que ha permitido su evolución. Las traducciones
obtenidas por medio de estos programas, que pueden ser gratis como los
disponibles en línea, o comprados ya sea en CD o descargados, distan mucho de ser buenas para una
amplia gama de contextos; lo que si se pueden obtener son buenos resultados para
textos con formatos estándares y técnicos, como por ejemplo para reportes
meteorológicos.
La historia del traductor comienza pasada la segunda guerra
mundial, para 1950. En 1954 el experimento de Georgetown consistió en la
traducción automática de frases en ruso al inglés; por este tiempo se especuló
que dentro de un par de años se podría resolver completamente el problema de las
traducciones automáticas, lo que el tiempo probó estar lejos de ser cierto. Sólo
a partir de 1980, con el rápido desarrollo de los computadores, se comenzaron a
investigar nuevas vías para resolver el asunto usando modelos estadísticos.
A nivel gubernamental en el mundo se emplea el traductor de
textos con fines específicos, principalmente para usos internos (debido a la
calidad de los resultados), salvo en aplicaciones en donde la sustitución
directa de palabras es posible, en cuyo caso la traducción automática cumple a
cabalidad con la tarea. En Estados Unidos las fuerzas armadas invierten una gran
cantidad de fondos en el desarrollo de tecnología para traducir efectivamente
idiomas extranjeros con fines de inteligencia estratégicos.
Ahora para quienes necesiten de una solución altamente
automatizada de calidad para sus necesidades de traducción, existen sistemas
mixtos que requieren de cierto nivel de edición por parte del usuario antes y
después de la traducción para resolver discrepancias y errores; hasta el momento
es lo mejor que se ha logrado al respecto, y que puede ser de suma utilidad para
quienes necesiten procesar miles de hojas de texto para publicaciones en
distintos idiomas; eso si, estas aplicaciones han sido construidas a medida para
usos específicos, como por ejemplo para el departamento de patentes de
Dinamarca.
Hoy en día el traductor de Altavista, Babelfish, y el de
Google por supuesto son algunos de los más usados. Ambos utilizan un sistema
llamado Systran. El resultado que se obtiene a través de estas plataformas es
aceptable para una comprensión general y parcial del texto, pero en ningún caso
se generan resultados presentables en publicaciones de cualquier especie. Tal
vez algún día el traductor de texto evolucione a tal punto, que las páginas de
la web sean traducidas en línea de manera automática para ajustarse al idioma
del visitante; quien sabe.