Una ecografía es un procedimiento de diagnóstico, que emplea
el ultrasonido para crear imágenes bidimensionales o tridimensionales. Se
utiliza para ver el estado de las estructuras internas del cuerpo, como órganos,
venas y arterias. Aunque la ecografía sirve para observar casi todo el cuerpo,
es más conocido por su uso en el período de embarazo, para observar el
desarrollo del embrión y feto dentro del útero de la madre. Es uno de los
mejores métodos de diagnóstico por su seguridad, precisión y rapidez.
La ecografía se usó por primera vez, como la técnica llamada
“sónar”, que se utilizó durante la Segunda Guerra Mundial para detectar
submarinos. Más adelante, se desarrolló la ecografía, a partir del sónar, por su
efectividad para observar el interior del cuerpo con la misma tecnología.
La ecografía se lleva acabo mediante un equipo llamado
ecógrafo. El ecógrafo funciona emitiendo ondas de sonido que rebotan en las
estructuras internas del cuerpo para producir imágenes de ellas. La ecografía se
utiliza especialmente, para observar los órganos internos del abdomen y pelvis,
las venas y arterias, y también el útero en período de embarazo. La ecografía no
usa radiación, como sí lo hacen las radiografías y tomografías; por ello, la
ecografía se considera un método muy seguro, especialmente, durante el embarazo,
ya que, hasta el momento, no se ha descubierto que el ultrasonido provoque algún
daño al bebé o a la madre. Se recomienda, sin embargo, que se realicen sólo las
ecografías necesarias y no abusar de ellas.
La preparación que la persona necesitará antes del
procedimiento, dependerá del tipo de ecografía que se requiera. Si es una
ecografía abdominal para observar la parte superior, que detecta anomalías en
órganos como el hígado, la vesícula biliar y el páncreas, entre otros, la
persona debe ir al examen en un ayuno previo de 6 a 8 horas. En cuanto a la que
observa la parte inferior del abdomen, en la zona de la pelvis, la persona debe
tener la vejiga llena antes del examen; para ello, se le pedirá a la persona,
que beba una cierta cantidad de agua, por lo general, un litro, una hora antes
de la ecografía. Para otras ecografías, normalmente no hay una preparación
necesaria antes del examen.
En el momento de la ecografía, se acuesta al paciente en una
camilla junto al ecógrafo. El tecnólogo le aplica un gel especial en la zona de
exploración, que facilita la transmisión de las ondas de sonido. Luego, el
tecnólogo utiliza un transductor, que es una sonda manual que emite las ondas de
sonido a una frecuencia muy alta, que no se puede oír. Las ondas entonces,
rebotan en las estructuras y producen ecos que se traducen en imágenes que
aparecen en una pantalla. El procedimiento dura de unos 30 a 45 minutos y no
produce ningún dolor al paciente. Luego del examen no se debe hace nada especial
y sólo hay que esperar el informe del médico.
Otros tipos de ecografías, como la transrectal y la
transvaginal, son invasivas, y requieren la utilización de un tipo de
transductor que se introduce en el cuerpo.
En cuanto a las ecografías realizadas durante el embarazo,
normalmente, se necesitan tres: una entre las 6 y 12 semanas, para un
diagnóstico; otra entre las 16 y las 20 semanas para observar si hay
malformaciones en el feto; y la última, después de las 32 semanas para controlar
el crecimiento del feto. Estas ecografías requieren que la madre tenga la vejiga
llena antes del procedimiento, ya que de esa manera, habrá más claridad en la
zona uterina. También se puede realizar una ecografía transvaginal durante el
primer trimestre del embarazo. Esta ecografía sirve para estudios ginecológicos
y no requiere que la madre tenga la vejiga llena antes del procedimiento.
La ecografía en el embarazo no sólo se considera la mejor
técnica para observar si el feto se desarrolla de manera normal, sino también un
medio que permite los primeros contactos de la madre con el bebé. Además,
actualmente, la tecnología ha permitido las famosas ecografías 3D y 4D, que
permiten una imagen mucho más clara de las formas y facciones del bebé antes de
nacer.
En general, la ecografía se considera como uno de los
mejores métodos existentes para detectar anomalías en las distintas zonas del
cuerpo, y no sólo se practica en humanos, ya que también es un método muy eficaz
en la medicina veterinaria.