Las abejas asesinas también conocidas como abejas africanizadas son especies
híbridas procedentes del cruzamiento entre las especie Apis Mellifera Scutellata
con las abejas originarias de Sudamérica o abejas europeas. Estas abejas se
caracterizan por su alto poder defensivo ante eventuales molestias, atacando en
grupos numerosos. Sin embargo, la terminología que se les da de "asesinas" es
altamente cuestionable, y se debe más bien a la influencia sensacionalista de
los medios de comunicación.
En cuanto a las características propias de las abejas asesinas, en contraste
con las especies comunes o abejas europeas, cabe destacar los siguientes
puntos: se reproducen más frecuentemente (son capaces de poner hasta 4.000
huevos diarios, el doble que las abejas europeas), son más pequeñas, vuelan más
rápido, atacan otras colmenas más débiles reemplazando a la reina originaria por
una africanizada, tienden a migrar debido a cambios estacionales más allá de la
presencia de alimentos, comúnmente forman colmenas en el suelo, y las colmenas
tienen proporcionalmente un mayor número de abejas guardianas.
Históricamente las abejas asesinas llegaron al continente americano,
específicamente a Brasil, luego de la importación en el año 1957 de 26 abejas
reinas procedentes de Tanzania con el fin de incrementar la cosecha de miel.
Este programa estuvo a cargo del biólogo Warwick Kerr. Sin embargo, éstas se
escaparon y se fusionaron con las abejas originarias del continente
sudamericano. Debido a su tendencia defensiva de atacar en grupos, se han
registrado numerosos casos de muertes humanas asociados a esta especie (en
México hasta el año 2003 se registraron 300 casos de víctimas fatales), cosa que
no sucede con el resto de las abejas. También resulta interesante notar que
pueden perseguir a la víctima hasta 900 metros desde su colmena. Sin embargo, el
veneno de esta especie es muy similar al de las otras especies; donde el peligro
en este caso lo constituye el ataque que efectúan en grupos numerosos. Debido a
que las abejas asesinas son en muchos casos una verdadera plaga para las
poblaciones humanas, se han hecho esfuerzos concernientes al cruzamiento con
abejas menos agresivas. Sin embargo, estas campañas han tenido escaso éxito y
han tenido que ser abortadas.
Hacia el año 2002, se pudo registrar la presencia de abejas asesinas en el
norte de Argentina, en las islas de Trinidad y Tobago, en América Central, en
Méjico, y en el sur de Estados Unidos (específicamente en lo que son los estados
de Texas, Arizona, Nuevo Méjico, y el sur de California). Luego, es
impresionante notar como en el transcurso de menos de medio siglo esta especie
ha logrado desplegarse por gran parte del continente americano. En efecto, se ha
detectado que estas abejas pueden avanzar a una razón de 2 kilómetros por día,
lo que permite justificar como las abejas asesinas han llegado a abarcar grandes
distancias.