Si bien para los artistas se trata de algo bastante complejo
de definir, ya que implicaría hacer un recorrido histórico y evolutivo por todas
las ramas del arte, es posible comprender las Bellas Artes como aquellas que se
tienen como fin último la expresión de la belleza.
Ya desde la Grecia clásica se realizaban divisiones de las
artes según los sentidos con las cuales las obras eran percibidas. Según esto
existían las Artes superiores y las menores, siendo las primeras las que
permitían percibir sus obras por medio de la vista y el oído, los sentidos
superiores. Por otra parte, los sentidos menores, el gusto, el olfato y el
tacto, definían las artes menores, asociadas en gran medida a la perfumería y a
la gastronomía. Así se fue evolucionando en la división de las Artes hasta
lograr incluir dentro de las Bellas Artes a la danza, la pintura, el teatro, la
escultura, la arquitectura y la declamación, en la que se incluían tanto a la
poesía como a la literatura.
Los artistas practicantes de las bellas artes son personas
dedicadas a la expresión de sentimientos, emociones y sensaciones de una forma
estética, generando un determinado lenguaje que logra comunicar lo reconocido
por su mundo interno a partir del contacto con la naturaleza o la experiencia
cotidiana.
Como vemos, según los griegos, las Bellas Artes serían todas
aquellas artes que pueden incluir a sus obras dentro de lo que se pueden
disfrutar a partir de los sentidos superiores, permitiendo a los artistas
expresar lo más profundo de sí mismos a través de ciertos principios estéticos
que le permiten comunicarse con los espectadores o auditores en un lenguaje
profundo y que logra mostrar lo más íntimo de su espíritu. Dado lo anterior, es
comprensible que otra de las características de las Bellas Artes sea el riesgo,
ya que la expresión de las emociones y las sensaciones toman caminos y estéticas
bastante subjetivas que no resultan siempre del agrado de todos.