Las vitaminas, presentes en los alimentos y las cuales son
designadas con letras, son sustancias orgánicas que son necesarias para el
correcto funcionamiento del organismo.
El concepto de vitaminas, proviene del latín, vita (vida) e
ina (sustancia). Estas pueden ser consideradas, como sustancias
heterogéneas, las cuales son imprescindibles para la vida del ser humano. Sin
ellas, nosotros no podríamos vivir.
Las vitaminas, en nuestro organismo, actúan como coenzimas y
son parte de los grupos prostéticos de las enzimas. Son esenciales
para diversos procesos fisiológicos, los cuales ocurren, como verdaderas reacciones
bioquímicas; estas reacciones requieren de vitaminas para llevarse a cabo.
Como por ejemplo, la
conversión de la comida en energía, el fortalecimiento del sistema inmunológico,
entre otras.
Es tan así, que cuando alguna de las vitaminas, se encuentra
en cantidades menores a las que requiere el cuerpo o no están presentes,
aquellas reacciones bioquímicas que dependen de aquella vitamina, no se podrá
llevar a cabo. Con el correspondiente menoscabo del organismo para el individuo.
Asimismo, si se desea ingerir vitaminas, estas deben ser en
medidas normales a las que requiere el organismo. Ya que no se saca nada, con
una ingesta mayor a la necesaria, debido a que el excedente de vitaminas, será
eliminado por medio de la orina. La ingesta de
vitaminas, puede ser de manera natural o artificial (química). Ya que todos los
alimentos naturales, que podamos consumir, contienen distintas vitaminas.
Hablamos de aquellos naturales, ya que los procesados, no las contienen o están
presentes en un
menor número. La mayoría de los alimentos que contienen varias vitaminas, son
todas las verduras y las frutas. Es por lo mismo, que es fundamental la ingesta
de verduras y frutas, para poder captar la mayor cantidad de diversas vitaminas,
requeridas por el organismo.
Con respecto a la historia de las vitaminas, estas se hacen
presenten hace varios siglos atrás, cuando se comenzaron a estudiar
enfermedades, que surgen debido a una mala alimentación. Es así, como se estudia la enfermedad del escorbuto. La cual
se desarrolla partir de una pobre ingesta de frutas y verduras. Por ende, a
diversos pacientes, se les suministró diversas sustancias, con vinagre, zumo de
naranjas y agua soluble. Lo mismo ocurrió en Asia, con ingesta de
arroz procesado, sin su cáscara la cual contiene bastante vitamina B1. Esto se dio, ya que
las nuevas máquinas arroceras a vapor, retiraban la cáscara del arroz.
Para inicios del siglo XX, se recomendó llamar vitamina A, al
factor soluble de aceite. Vitamina B al factor soluble en agua y vitamina C, al
factor soluble antiescorbuto soluble en agua.
En 1925, se le designa con la letra D, a la vitamina que
combate el raquitismo.
Para 1933, 1938 y 1946, se sintetizan las vitaminas C, E y A.
De aquellas fechas en adelante, en su totalidad, comenzaron a ser
sintetizadas, para poder producirlas de manera industrial. Principalmente por
los laboratorios, productores de fármacos. En la actualidad, todas las vitaminas
pueden ser halladas en forma de fármacos. Con ello, uno se asegura la ingesta de
las mismas. Ya que por diversas razones, en diversas ocasiones no se consumen
por medio de los alimentos.
Las vitaminas son relativamente estables, a excepción a que
se encuentren en su forma acuosa. No pueden ser almacenadas por el organismo.
Asimismo, las vitaminas son extremadas sensibles, al medioambiente, en general.
Hay que tener en claro, que por lo general las vitaminas no producen estados
de hipervitaminosis. Esto se debe, ya que como se mencionó anteriormente, el exceso
de vitaminas, se elimina por medio de la orina; claro, salvo casos de donde se abusa en
demasía, y se pueden formar cálculos. Por este motivo es recomendable que la indicación
para tomarlas en cápsulas venga de un profesional.
Existen dos grandes grupos de vitaminas: las hidrosolubles
(Ácido fólico o Folacina, Vitamina C o ácido ascórbico -antiescorbútica-). Además en
este grupo tenemos a los complejos B (B1,B2, B3, B5, B6, B8, B9, B12, B15, B17).
Por otra parte tenemos, a las Liposolubles (Vitamina A o Retinol, Vitamina D
o Colecalciferol -antirraquítica-). Asimismo, en este grupo, encontramos a las
vitaminas E o Tocoferol, Vitamina K o Naftoquinona (antihemorrágica).
La función de la vitamina A es contribuir al desarrollo de los huesos,
para prevenir infecciones respiratorias y en general para el cuidado de todos los tejidos.
Las vitaminas del complejo B sirven para metabolizar los hidratos de carbono.
La vitamina C o ácido ascórbico contribuye a la reparación de los tejidos, y se ha demostrado que
ofrece protección contra el cáncer. La vitamina D o calciferol promueve la absorción de fósforo y de
calcio, lo que permite la mantención de dientes y huesos sanos. La vitamina E tiene un efecto
anti oxidante, protegiendo de los famosos radicales libres. La vitamina K o fitomenadiona participa en la
coagulación de la sangre. Los vioflavonoides o vitaminas del complejo P tienen un
efecto anti hemorrágico, protegiendo a los vasos sanguíneos y al corazón.