Quién fue Tomás Moro ?

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Thomas More es su nombre original, siguiendo la costumbre de traducir nombres que se mantuvo hasta principios del siglo veinte y en el caso de la versión española: Tomás Moro, se debe a que en latín (idioma en que se solía escribir de manera formal en aquella época) él firmaba como Thomas Morus. Nace en Inglaterra en 1478 y 1535, su padre fue maestro, jurista y estadista de cierta fama perteneciente a lo que se suele llamar la “baja nobleza”. Como ocurre con los personajes de su época, es poco lo que se sabe de su infancia, fue paje del Arsobispo de Canterbury y de allí realizó sus estudios sobre teología, retórica y filosofía en varios colegios universitarios.

Termina viviendo como laico con los padres Catujos (Tercera Orden de San Francisco), siempre se sintió atraído por la vida monástica. Para este momento ya sabía hablar latín y francés (a parte del inglés, por supuesto), luego incorpora el italiano. Adquiere cierta fama como poeta y traductor, también conoce a varios personajes importantes del renacimiento, entre ellos a Erasmo de Rotterdam, con quien realizaría varios trabajos luego. Deja el monasterio y se se casa, de este matrimonio nacen 4 hijos. Ya como abogado y luego juez, medita mucho sobre la injusticia en el mundo y su relación con los humanistas, como Erasmo de Rotterdam, lo preparan para escribir la que se considera su mayor obra “Utopía”, en cuya primera parte critica la estructura social de Inglaterra y en la segunda parte describe como debe ser una sociedad ideal, una sociedad cuyo orden político se caracterizaba por la igualdad, la fe religiosa, tolerancia y la democracia, una democracia basada en la razón y el humanismo religioso.

Luego Tomás Moro entra en contacto con Enrique VIII, a raíz de unos poemas que le dedica al joven rey, este muy impresionado por las cualidades personales e intelectuales se hace su amigo y poco a poco le asigna cargos de responsabilidad: Embajador en los Países Bajos, miembro del Consejo Privado del Rey, portavoz de la Cámara de lo Comunes y Canciller de Inglaterra (el primer laico en ocupar tal posición). Como católico temeroso y abogado prudente, desempeñó esos cargos con gran lealtad, con la reforma protestante de Lutero, evita que la Iglesia Anglicana se dividiera y hasta donde pudo evitó que Inglaterra entrara en guerras. Ayudó a Enrique VIII a suavizar su carácter duro, impulsivo y a veces pedante.

Cuando Enrique VIII escribe sobre la fe Católica (cosa que le vale elogios hasta del mismo Papa) se nota muy bien la influencia de Tomás Moro. Para este instante su primera esposa ha muerto y se ha casado con una viuda que ya tiene una hija. Cuando Enrique VIII quiere divorciarse de Catalina de Aragón para casarse con Ana Bolena Tomás Moro se le enfrenta y renuncia a la cancillería. Muchos pensarán que fue un error pero era un hombre de conciencia y esto no lo pudo tolerar, aunque fuera un amigo. Aquí empieza la tragedia para Tomás Moro, Enrique VIII era rencoroso, pero sentía un gran afecto por él. Cuando el rey rompe con Roma, se apropia de los bienes de la Iglesia y hace que la Iglesia Anglicana se le someta escribe la “Ley de Sucesión” que legitima, entre otras cosas, el matrimonio con Ana Bolena, por esta ley se debía hacer un juramento en el que se reconocía la validez de tal ley y del mencionado matrimonio.

Tomás Moro no hizo tal juramento y fue encarcelado pero como buen abogado tenía un “as en la manga”: para condenarlo la ley inglesa exigía demostrar el delito, si bien él no había hecho el juramento no existía forma de demostrarlo porque él simplemente había guardado silencio, no hecho nada más que eso, solo guardaba silencio. Esto no demostraba ningún delito y durante un año entero Europa estuvo al tanto de los labios cerrados del antiguo canciller de Inglaterra. Ese silencio ha inspirado muchísimos trabajos de escritores y hasta juristas renombrados, también ha inspirado varias películas de las que rescato la protagonizada por Charlton Heston en 1988 que realiza una actuación soberbia, aunque la más laureada es la que en 1966 protagonizó Paul Scofield que tampoco deja de tener sus grandes méritos, pero yo prefiero la otra, como nota adicional ambas tienen un nombre muy significativo: Un hombre para la eternidad.

En su juicio no hubo manera de hacerle hablar sobre el porqué de su silencio, de hecho nadie sabía el por que se quedaba callado cada vez que se le pedía jurar “Ley de Sucesión” hasta que un testimonio, perjuro, lo incriminó. Se dice que Enrique VIII escuchó a hurtadillas todo el juicio pero nunca le presentó la cara, pues según la ley de entonces, una persona tenía el derecho de ver a su acusador, aunque fuera el rey sin embargo Enrique VIII se valió de una ley antigua que le permitía nombrar un representante. Una vez terminado el juicio, que parecía más un linchamiento, Tomás More toma la palabra explica por que la ley es inválida y el matrimonio del rey también, como el rey ha quebrantado un juramento ante la Iglesia Católica y por tanto pierde sus derechos como rey. Supongo que esto sería un duro golpe para Enrique VIII pues en el fondo le dio todas las oportunidades que pudo y mantuvo la esperanza de que se retractaría y prestaría juramento, además la fama de Tomás Moro en toda Europa podía ayudar con sus intenciones políticas pero no fue así.

Santo Tomás Moro, como lo declaró la Iglesia Católica, fue un mártir de la verdad y de su conciencia, un humanista muy singular y un hombre de fe. Mantuvo su característico buen humor hasta el momento de su muerte diciendo una frase que debería ser el epitafio de todo buen cristiano: “Muero siendo el buen siervo del Rey, pero primero de Dios”. Es patrono de los abogados pero en el año 2000 se le nombra patrono de los políticos y gobernantes, a petición de muchísimos gobernantes, parlamentarios y políticos del mundo.

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