Los primeros candelabros, fueron utilizados
en las iglesias o monasterios católicos. Estos utilizaban una forma de cruz, en
la cual se colocaban velas, en cada punta. Su objetivo primordial del candelabro, era iluminar
los espacios principales.
De manera posterior los candelabros fueron evolucionando, en
formas más complejas, con una utilidad doble. O sea, para iluminar, pero también
como una forma decorativa. Esto se empezó a dar, a mediados del siglo IX. Claro
que estos nuevos diseños, sólo eran utilizados por personas pudientes o en los
palacios reales.
Para fines del siglo XVIII, los candelabros evolucionaron aún
más. Se les sumaron más brazos, que eran más largos que los originales y muchos
de ellos contenían formas curvas. Éste tipo de candelabros, seguían adornado la
casa de las personas ricas, al igual que la de los reyes. Muchísimas personas
pertenecientes a la burguesía, mayoritariamente mercaderes, adquirían uno de
estos candelabros, para demostrar su estatus económico.
Posteriormente los candelabros fueron incorporando cristales
en sus estructuras. Como una forma de más, de adornarlos y embellecerlos. La
idea principal, es que se vieran lo más opulentos posibles.
Al acercarse al siglo XIX, los candelabros empezaron a
utilizar ampolletas a gas. Lo que produjo que su peso, se incrementara. Por lo
que su fijación al techo, fuera mucho más compleja. Generalmente se requería
reforzar la estructura del candelabro, al techo en si. Ya que si no, tenía una
alta probabilidad, de caer directamente al suelo.
Hoy en día, los candelabros, no son una de las estructuras
más utilizadas, para iluminar los hogares. Pero hay muchas personas que
conservan aquellos, que fueron adquiridos por sus ancestros. Candelabros que hoy
en día cuestan una fortuna, en todas las tiendas de antigüedades. Claro que hoy
podemos ver candelabros modernos. Los cuales mantienen sólo la base, de sus
antepasados. Muchos utilizan aluminio o metales livianos, los cuales contienen
formas muy simples. Nada parecido con los utilizados en el siglo XVIII, por
burgueses y aristocráticos. Es que hoy, un candelabro, no implica el tener un
estatus elevado.